Delincuencia en el campo

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El asedio del crimen organizado en el campo mexicano

La falta de instrumentos confiables impide conocer la situación real de la afectación del crimen organizado en el campo mexicano.

La situación de los campesinos –de por sí es difícil debido a la falta de apoyos gubernamentales para la producción y comercialización de sus productos– empeora con la presión ejercida por el crimen organizado, lo cual afecta todavía más las condiciones de vida de los trabajadores del campo y sus familias.

Desde hace varios años, los trabajadores del campo han denunciado el asedio por parte de integrantes del crimen organizado; asimismo, líderes de agrupaciones y asociaciones de campesinos han hecho público que, asolados por la extorsión de los delincuentes, muchos productores se han visto obligados a cultivar únicamente para el autoconsumo, ya que no solo están en riesgo la cosecha y la tierra, sino también la vida de ellos y sus familias.

En diferentes regiones del país, los grupos criminales han impuesto el pago de cuotas y hasta han controlado el precio de diversos productos, el pago de cosechas e incluso manipulan toda su comercialización.

Desde hace varios años, los trabajadores del campo han denunciado que el pago de cuotas lo han impuesto a toda la producción agrícola ya que, por ejemplo, los jornaleros deben entregar un importante porcentaje de su salario diario, mientras que los dueños de la tierra pagan por cada hectárea de cultivo al mes y las bodegas deben entregar otra cantidad por cada tonelada que manejan.

Este mismo escenario se repite en varias entidades del país y en todas las regiones de cultivo de diversos productos, al grado que comunidades enteras se están desintegrando debido a la violencia.

En resumen: Es una realidad que el crimen organizado está afectando al campo, quizá todavía más que los desastres naturales, en términos de su impacto a largo plazo.

Atracos en tren y carretera

Hace una semanas, el diario El País publicó un reportaje sobre los robos de mercancía en México, especialmente sobre el 20% que viaja en ferrocarril.

Y es que el tren resulta más fácil de atracar gracias a que su trayecto siempre es el mismo y sus paradas están fijadas –resalta el reportaje–, por eso los delincuentes estudian y conocen bien las curvas donde el tren debe reducir la velocidad y que, en su mejor momento, no supera los 100 kilómetros por hora.

“En motocicleta, a caballo, en coche; suben al tren y cierran los angulares, el freno pues. No hay tren seguro, ni siquiera en marcha. Otras veces bloquean las vías con madera”, declaró Bosco de la Vega, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), a la periodista Carmen Morán Breña.

“En el primer trimestre, el ferrocarril sufrió 2,184 robos de grano, 769 de ellos con violencia, cuando te encañonan y se llevan la mercancía; y 1.415 por vandalismo, en la estación abren compuertas y se llevan lo que pueden. Estos son daños parciales, pero espantosos”, describió.

Por carretera, donde se mueven prácticamente 80% de las mercancías, los delincuentes tienen otros métodos. Es más difícil bloquearles, por lo que los asaltantes esperan que paren a repostar o a pagar el peaje. El 83% de estos asaltos son con violencia, según De la Vega, y da una cifra: hasta el 30 de abril se han reportado 2,853 robos.

De la Vega también declaró hace unos días al diario El Economista que el incremento de asaltos a transportistas del sector agropecuario, los cobros de piso en el campo y los robos de maquinaria y equipo de los agrónomos en todo el país, así como la menor producción de la agroindustria por el COVID-19 y la disminución de exportaciones, podrían provocar una “crisis alimentaria” en México y la reducción de 20% en empleos del sector.